viernes, 25 de marzo de 2011

martes, 25 de enero de 2011

Pucho número nueve.

Todavía quedaban marcas de lluvia en la calle. Comenzó el viaje acostumbrado hasta el quiosco y pidió fuego. Prendió el cigarrillo y comenzó a caminar. Era un día hermoso. Resplandecía el tenue sol en el reflejo del agua en el piso. La nicotina recorría la sangre desbordando el cuerpo de euforia. Una felicidad que casi embriagaba. Sonreía de oreja a oreja y le regaló los ojos verdes a una muchacha que pasaba enfrente. Y se mordió los labios (le recordaba que se estaba equivocando)
Estaba destellando un extraño gozo, y caminaba con una desición soberbia. Hoy estaba decidido. El pucho se apagó y se dirigió casi flotando hacia otro quiosco cruzando la plaza. Supuso que sería mejor un encendedor, el paquete de cigarrillos estaba lleno y su ser reclamaba a gritos el tóxico pero grato tabaco. Se recostó en el pasto de la plaza, dudó si debia. Pero el humo en los pulmones le recordó el objetivo.
Comenzó a caminar, otra vez. Ahora calle arriba. Iba por el quinto pucho y empezó a mirar el sol, hasta encandilarse. Y retomó el camino, cegado. Giraban eternos recuerdos cuáles quería asesinar. Quería borrar ya de una vez, y el veneno en su sistema respiratorio lo lograba. Tanto lo lograba que se escapó una mueca torcida (casi sonrisa).
Y caminó más rápido. Una muchacha de piernas largas, lentes negros y pelo corto se detuvo y observó.
Sin asombro contempló como el paquete de cigarrillos volaba por el aire y el auto frenaba.
El grito estridente de una señora conmocionada
La multitud de gente se asomó a ver el accidente. Iba por el pucho nueve.
El muchacho estaba en el piso, con la misma mueca torcida en la cara (casi sonrisa) y los ojos bien abiertos mirando el cielo nublado.
La boca semi abierta dejó caer una gota de lluvia. O una lágrima, la muchacha de piernas largas, lentes negros y pelo corto estaba cerca.
Recogió el pucho restante y lo encendió. Ahora sentía el sabor condenante.
Minutos después, tiró la colilla y saltó.
La gota de sangre posicionada justo en el labio inferior contrastaba con el mismo, de color blanco.
Efectos colaterales del amor a primera vista.